Valor Sufrimiento

ÚNICAMENTE DESDE LA FE ENCONTRAMOS RESPUESTA Y SENTIDO AL SUFRIMIENTO
rombofigura

La carta Apostólica “Salvifici Doloris”: El Santo Padre Juán Pablo II, servidor incansable de los enfermos, en su misión de pastor y a la vez ejemplar paciente, luego del atentado contra su vida en la plaza de San Pedro, ha escrito la Carta magna del Enfermo y del servicio a los enfermos que es la Salvifici Doloris. Todo cristiano para afrontar su dolor y servir a los enfermos debe beber en esta fuente admirable de esperanza; tomamos de esta Carta Pastoral este fragmento: “Cristo, varón de dolores”, Cristo no es sólo el que cura, (Médico Divino), creando así un modelo evangélico para cuantos cuidan a los enfermos. Al mismo tiempo, Cristo dice de Sí: “Estuve enfermo”, (Divino Paciente) y estas palabras forman parte de la imagen del juicio final según el Evangelio de San Mateo: “Estuve enfermo y me visitaste” (Mt. 25,36)

En el Evangelio no se nos presenta a Jesús enfermo en el lecho del dolor, pero lo encontramos en la cumbre del dolor; martirizado, sometido a torturas terribles del cuerpo y del alma. Lo vemos primero durante la agonía espiritual de Getsemaní y, al día siguiente, durante la terrible agonía de la crucifixión. Ciertamente El es el varón de dolores. Ciertamente atravesó el cenit mismo del sufrimiento humano; el sufrimiento físico y moral: fue objeto de la burla y del desprecio de los hombres. Ciertamente, gusano, no hombre, infamia de la gente, oprobio del pueblo. (Salm. 21/22,17) El Hijo de Dios que “se humilló haciéndose obediente hasta la muerte” (Flp. 2,8) por ello, podrá decir en el día del juicio: “Estuve enfermo”, “he bebido hasta lo más hondo el cáliz del sufrimiento”.

Y cuando sorprendido de sus palabras, le pregunten los hombres: “¿Cuándo te hemos hecho esto? Cuándo te hemos visto enfermo y fuimos a visitarte?, El responderá: cada vez que lo hiciste a uno solo de estos mis hermanos mas pequeños, a mí me lo hicísteis” (Mt. 25,39-40)