Carisma

 IDENTIDAD CARISMÁTICA DE LA SIERVA DE MARÍA

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Nuestra identidad siempre será referida a nuestro ser de consagradas, con cuanto conlleva de imitar más de cerca el género de vida de Jesús y María y de configuración y  representación sacramental al respecto y en consonancia con el espíritu carismático de la Fundadora.

 

 

 

 

 

1.   Carisma específico de la Sierva de María: “Es, consiguientemente, el don otorgado por el Espíritu Santo a Santa María Soledad y a través de ella a todas sus hijas, a fin de participar en la misión salvífica confiada por Cristo a su Iglesia: Madre Soledad es la elegida por Dios como fundamento, sostén y continuidad de la obra evangélica con los Enfermos. Por ello y como Siervas de María, seguimos a Cristo dedicándonos, motivadas por amor al Señor, a la asistencia esmerada y gratuita a los enfermos, preferentemente a domicilio; haciéndonos así partícipes de la misión salvadora, confiada por Cristo a su Iglesia”.

          La gracia concedida gratuitamente por el Espíritu Santo a los miembros de la Congregación a través de Madre Soledad, en orden a la configuración con Jesucristo, desde esa faceta de su misterio, en marcada en su actitud de buen Samaritano con el gran sentido de misericordia, que ello entraña, responde al imperativo del Señor: “Curad a los enfermos y decidles el Reino de Dios, está cerca de vosotros”  (Lc. 10,9)  y esto, a favor y fecundidad de la Iglesia, en consonancia con el Plan salvífico divino.

             Sabemos pues, que la experiencia del aspecto particular de Cristo que Madre Soledad vivió y transmitió a sus Hijas, fue el paso entrañable de Jesús por el sufrimiento de su pueblo Israel, El pasó haciendo el bien, y en este obrar suyo se acercó incansablemente al mundo de los enfermos. Servicio este que merece la dignidad de una misión, hecha realidad en el pensamiento, convicción, vivencia y exhortación de la Santa Madre a sus Hijas…”En los enfermos, decía, aunque sean caprichosos e impacientes hemos de reconocer al Cristo del Calvario y atenderlos con el mayor amor y esmero; así podrán descubrir en la Sierva de María su ser portadora del amor efectivo y sublime con el que Dios los ama”; esto al hilo de una doble identificación, la Hermana. se encuentra con Jesucristo en el enfermo y este percibe a Cristo que no le abandona con la cercanía y cuidado prodigados por la Hermana.

                Las Siervas de María nacimos para servir a la Iglesia en sus miembros dolientes, pues somos y nos sentimos enviadas por Jesús, el Señor, a este mundo que necesita de testigos y el testimonio de lo Absoluto, de Dios en nuestras propias vidas, a este mundo que precisa de modelos dispuestos a dejarlo todo por El; enviados a este mundo que se olvida de que todo se le da y se le ha dado gratis, de que sus vidas son puro don de Dios. A este mundo tan materializado, somo enviadas para ofrecer a nuestros hermanos enfermos,  el calor y el amor de Cristo, que busca acompañarlos en esos difíciles momentos de su vida, saliendo a su paso como el Dios compasivo: Padre, Hermano, Amigo…

                      enfermo Carisma específico, el cuidado del enfermo donde éste se encuentre, particularmente a domicilio, sin mirar raza,religión o condición social, lengua, etc.  conducidas por la caridad de ese Dios amor que quiere el bien del paciente de tal manera que pueda unir sus sufrimientos a los del Hijo, transformándose éstos, al otorgarles ese sentido redentor correspondiente. De este modo nos  acercamos al lugar y cabecera del enfermo, procurando su salud física además de espiritual y ello desde un amor y servicio esmerado. Así nuestro Carisma irradia transparencia de pascua. Sirviendo gratuita y amorosamente, a los enfermos y nos posicionamos en el meollo de una experiencia singular de Pascua Cristiana…Como Ministras de los enfermos, permanecemos presentes y cercanas al paciente que, en ocasiones afronta el último tramo de su vida, como paso de este mundo a la casa del Padre, a la vez que participa, como testigos directos del dolor y de la muerte, en esa esperanza y resurrección nuevas, esperanza a la que consideramos que todos estamos llamado por Dios.