Misión

 “Solo puede ser Misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás” (E.G. 272)

El celo misionero y apostólico que animó a nuestra Santa Madre Soledad y que dejó plasmado en el Instituto por ella fundado, está señalado en Const. 71; no había fronteras, era global. Nadie como nuestra Santa Madre captó, sintió y vivió la “alegría de Evangelizar”, de hacer viva la presencia de Cristo donde quiera que se encontrara; por ello sus Hijas son revelación y anuncio de Cristo, prolongación de su misión y de su vida, viviendo radicalmente la Consagración, movidas por el secreto en su existencia, alegría y entrega al que sufre, que es Cristo.

Carisma – Misión

Es el don otorgado por el Espíritu Santo a Santa María Soledad Torres Acosta, quien lo plasmó en el amor a los enfermos, inspirada en el Evangelio: “Estuve enfermos y me visitasteis” (Mt. 25,36); misión de amor y servicio junto a los enfermos de forma esmerada, gratuita, preferentemente a domicilio; atendiéndolos en sus necesidades espirituales y materiales.

El carisma vivido como identificación con Cristo para llevar a cabo su misión salvífica en su Iglesia: “Curad a los Enfermos y decidles el Reino de Dios está cerca de vosotros” (Lc. 10,9)

Las Siervas de María, participamos en la misión salvadora confiada por Cristo a su Iglesia. Acogiendo el mandato de Jesús: “Curad a los enfermos y decidles: el Reino de Dios está cerca de vosotros” (Lc. 10,9).


María es nuestro modelo en la asistencia a los enfermos. Con su actitud al pie de la Cruz nos enseña cuál debe ser l
a nuestra junto a esa cruz que es el lecho del enfermo. Con María Soledad se hace vivo, el mandato de Jesús: “Id  por  todo el   mundo  y anunciad la Buena Nueva a todos los pueblos”, está muy dentro del corazón de todas las Siervas de María.