Biografía

Breve Biografía

 

 

Santa María Soledad Torres Acosta Nació en Madrid, el 2 de diciembre de 1826, en el dulce hogar formado por Manuel Torres y Antonia Acosta; padres honrados y cristianos. Lo bautizaron en la parroquia de San Martín y le fueron impuestos los nombres de Bibiana, Antonia y Manuela. El 16 de enero de 1828 la niña recibió el sacramento de la Confirmación, en la misma parroquia. Fueron cinco los hijos de aquel afortunado matrimonio: Manuela Bibiana, José, empleado que fué de ferrocarriles; Antonio, Inocencia, modelo de esposas y de madres católicas y Manuel, que muy jovencito murió víctima de un accidente fortuito. Crecerá Manuela Bibiana, fijando sus ojos limpios de adolescente en la mirada de la Virgen de la Soledad y aprendiendo desde Ella a salir al paso de las necesidades de quienes viven en su entorno. Gestos siempre sencillos van manifestando la grandeza y generosidad de su corazón que la lleva a darse a los demás sin reservas: acoge a los niños y los entretiene el tiempo en el que sus madres deben acudir al trabajo, les enseña a rezar y les imparte catequesis. Estudia, trabaja y ora, pero sobre todo vive pendiente de lo que el Señor tenga a bien manifestarle sobre el destino de su vida, que ella desea consagrársela sin reservas. Cuenta 25 años cuando llama a las puertas del convento de las Dominicas, cercano a su casa, allí se venera el lienzo de la Virgen de la Soledad, ante el que tantas avemarías ha desgranado y ante el que ha ido forjando sus anhelos de ser, como María, toda para el Señor. Se admite su solicitud, pero tendrá que esperar hasta que en el convento se haga una vacante. Es pequeña de estatura, sencilla y humilde, como destinada a servir al hombre que sufre, es toda ella escucha, acogida, silencio y servicio, se va esculpiendo el talante y el perfil que constituyen a la Sierva de María; Dios la iba moldeando para ser Maestra y guía bajo el nuevo nombre de María Soledad de la nueva Institución de Siervas de María; donde hace derroches de amor, expresado en servicio al que sufre, para coronar su vida llena de satisfacción buscando en todo la Gloria de Dios y lel bienestar de muchas personas que a su lado recibieron solo beneficios que inundaban sus corazones de tanta bondad. Un 11 de octubre de 1887, colmada de méritos parte a la eternidad siendo sus últimas palabras “Que tengáis paz y unión…” Fue su existencia una expresión tan clara y real de los valores evangélicos, que para cuantos caminaron a su lado no había duda de que habían vivido junto a una santa, decían: “La madre de los pobres”. Su poder de intercesión se hacía presente entre sus hijas y entre los enfermos; actualmente se constata una protección viva y presente al invocarla. Su Santidad Pío x11, el 5 de febrero la declara Beata a Madre Soledad. Pablo v1, el 25 de enero de 1970, la canoniza, con lo que Santa María Soledad es presentada al pueblo de Dios como modelo de seguimiento a Cristo y como referencia de vida para sus hijas, llamadas a continuar en la Iglesia el carisma que ella recibió y la espiritualidad que impregnó su talante cristiano de fundadora de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos.