Etapas de Formación

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ETAPAS DE FORMACION SIERVAS DE MARIA

ITINERARIO FORMATIVO :

EL proceso formativo de las Siervas de María tiene como objetivo preparar a la persona para la Consagración total a Dios (VC, 65) ayudándola a crecer en el conocimiento de Cristo, valorando cada día mas el Don excepcional de la vocacional  como don gratuito recibido del Padre, haciendo fructificar sus talentos; y mediante una continua y progresiva conformación con Cristo, asumir como Él, la alegría de nuestro compromiso de Consagradas, siendo instrumentos de salvación en el mundo; procurando así, que esta formación impartida, sea una respuesta fiel  a la llamada continua de Dios, orientándola a la plena felicidad.

Acompañamiento y Discernimiento:   Durante esta etapa se brinda a la joven el acompañamiento  de una Hermana Sierva de María, para que mediante encuentros y experiencias de oración, vaya descubriendo y clarificando  su vocación, guiada por la Palabra de Dios,  el conocimiento de sí misma, y el Carisma de la compasión y la Misericordia, para desarrollar en su corazón y dar una respuesta generosa y libre al proyecto de Dios, cualquiera que este sea.

Después de esta mutua experiencia, si  la joven decide ingresar continuará con un tiempo de vivencia y compartir más cercano con la comunidad.

Aspirantado: Durante esta etapa la joven que manifieste indicios de vocación religiosa se continuara acompañándola a fin de ayudarla a discernir mejor su vocación y prepararla mediante una sólida formación humana y cristiana a seguir a Cristo con ánimo generoso y corazón limpio.

Postulantado: Comienza cuando por medio de una explícita petición,  la joven pide ser admitida al Instituto, adentrándose en la aventura de conocer y enamorarse cada vez más de Jesús; se inicia en el compartir de la vida fraterna donde se vive la comunión en la misma vocación.    Apoyada por la Hermana formadora, seguirá profundizando en: El conocimiento de sí misma; el verdadero sentido de la libertad, servicio y responsabilidad que le permita conocer nuestra vida Religiosa; adquiriendo una  mentalidad y criterios basados en la fe, en sentido de pertenencia a Cristo y a la Iglesia; y en la vivencia de nuestro Carisma: “Estuve Enfermo y me visitaste” De este modo  verificará sus cualidades y capacidades para que su opción se vaya consolidando.

Noviciado: Es el periodo de la verdadera iniciación como Sierva de María.  En este tiempo la Novicia ira conformando su mente, corazón y espíritu con el ideal que pretende. Incorpora a la novicia a una experiencia vital del Instituto, adquirida no tanto a través de un proceso de conocimiento teórico cuanto a través de una experiencia de vida, desde un acompañamiento de la Maestra de Novicias.

Juniorado: Después de hacer sus primeros votos la Religiosa pasa a formar parte de una Comunidad, en un ambiente apropiado, participando activamente en la vida comunitaria con espíritu de acogida, de dialogo, de servicio y de donación generosa. Continuara su formación acompañada de una hermana. Estos medios  le ayudaran a crecer en su madurez humana, adquiriendo criterios sanos y conocimientos prácticos de las necesidades sociales del mundo actual, de tal manera que la capacite para influenciar positivamente en el ambiente en se encuentre. Cristiana, basada siempre en un conocimiento más profundo de Cristo. Espiritual, adquiriendo una intensa vida de oración. Religiosa, conociendo con mayor profundidad la vida consagrada, nuestras constituciones, la vida de Santa María Soledad. Por último, Apostólica, uniendo la contemplación a la acción para aprender a descubrir a Cristo en el rostro de cada Persona Enferma. Todo esto  la llevara, con su colaboración a un continuo progreso espiritual, que la mantiene adherida al Señor, como único bien necesario a quien se entregará con plena donación de sí misma, mediante la profesión perpetua.

Tercera Probación: La experiencia formativa del Juniorado termina con la experiencia de la tercera probación, llamada también “segundo noviciado”; tiempo de gracia que el Instituto concede a la Juniora como preparación inmediata a la profesión perpetua.

Formación permanente: Consagrando nuestra propia vida  en aras de un ideal: Cristo. Continuaremos este proceso formativo que dura toda la vida, y compromete toda la persona en su realidad de consagrada. Nace del esfuerzo de la religiosa con la gracia de Dios, para permanecer en constante renovación de fidelidad más plena a Dios y a los compromisos apostólicos del propio carisma; aprovechando con responsabilidad personal todas las oportunidades de la vida comunitaria y los medios especiales que la Iglesia y el Instituto le brindan.

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